Cualquier edificio de entre los años 60 y los 80 en Leganés, Getafe, Fuenlabrada o Valdemoro tiene probabilidades altas de tener bajantes de fibrocemento, lo que se conoció popularmente como uralita. No todas esas bajantes están en mal estado, pero todas tienen décadas de uso y hay señales que indican cuándo han llegado al límite.
El fibrocemento es un material compuesto de cemento y fibras de amianto. El amianto como tal no supone riesgo cuando está en buen estado dentro de un material compuesto: el problema surge cuando el material se deteriora, se rompe o se trabaja con él y libera fibras al aire. En el contexto de una bajante de saneamiento, el riesgo de exposición es bajo durante el uso normal, pero sube considerablemente cuando hay que hacer reparaciones o cuando la tubería tiene roturas.
La limitación más práctica del fibrocemento no es el riesgo sanitario sino la fragilidad. Con el paso del tiempo y los ciclos de contracción y dilatación, las juntas de una bajante de fibrocemento se abren, los tramos se fisuran y la tubería empieza a perder estanqueidad. Cuando eso ocurre, hay dos consecuencias: las aguas residuales se filtran hacia la pared o el suelo, y las raíces encuentran el camino para entrar.
Qué hacer cuando la bajante está deteriorada
La opción más extendida hoy para rehabilitar una bajante de fibrocemento sin tener que abrir las paredes es el encamisado interior o relining. Consiste en introducir una manga flexible de resina por el interior de la tubería existente, que se adhiere a las paredes y forma una tubería nueva dentro de la antigua. El fibrocemento queda sellado y encapsulado, lo que elimina el riesgo de exposición y resuelve el problema de estanqueidad al mismo tiempo.
El encamisado evita la obra de apertura de paredes y es especialmente útil en edificios donde el acceso a la bajante es complicado. El precio depende del diámetro y la longitud del tramo: para una bajante doméstica estándar, el coste puede estar entre 200 y 400 euros por metro lineal rehabilitado. No es barato en términos absolutos, pero es significativamente menos que una sustitución completa con obra.
Antes de decidir si una bajante de fibrocemento necesita rehabilitación o solo mantenimiento, lo que corresponde es una inspección con cámara CCTV. La cámara muestra el estado real del interior: si hay fisuras activas, si hay raíces dentro, si las juntas están abiertas. Con eso se puede decidir si es suficiente con una limpieza con hidrojet periódica o si hay que rehabilitar el tramo.
Si tu comunidad tiene un edificio de los años 70 u 80 en Getafe, Leganés, Fuenlabrada, Parla o Valdemoro y no tenéis constancia de que las bajantes se hayan revisado recientemente — mira también las señales de alerta que indican que la bajante necesita revisión urgente —, es un buen momento para pedir una inspección. Escríbenos por WhatsApp y lo valoramos sin compromiso.